Dicen del Ironman de Canadá que es el mejor del mundo. Un novato como yo seguramente no tenga criterio para corroborarlo, pero se me hace difícil imaginar que pueda haber una prueba mejor organizada y con mejor ambiente que esta. La gente de esta ciudad está orgullosa de un Ironman que consideran suyo. Dos días después de la prueba, todavía me siguen parando por la calle para preguntarme qué tal me fue, darme la enhorabuena y agradecerme haber participado en su Ironman. El domingo, toda la población de Okanagan Valley sale a la calle para animar, y a las 12 de la noche hay miles de personas gritando para recibir al último Ironman oficial de la prueba. Los voluntarios, el Iron Army como aquí les llaman, que son el alma de este evento, se desviven durante el fin de semana completo para que este Ironman sea especial para cada uno de los atletas. 4500 voluntarios para 2800 atletas en una ciudad de 30.000 habitantes. La organiación tiene detalles tan cuidados como que en los baños portátiles instalados en el recorrido de bici, hay un voluntario para sujetarte la bicicleta mientras tú estas dentro. O que Air Canada monte una carpa en la puerta del hotel para llevarse las bicis al día siguiente de la prueba y evitarnos el tener que facturarlas en el aeropuerto. Así se entiende, que el lunes después del Ironman, cuando se abren las inscripciones para el año siguiente, haya una cola de 250 metros y que en esa misma mañana se agoten las 2800 plazas.

El domingo abrían los boxes a las 5 a.m. y había que estar en la playa tras haber pasado por la alfombrilla de control de chips a las 6:30. Puse el despertador a las 4:30 porque quería desayunar al menos dos horas antes de la salida, porque durmiendo a 50 metros de boxes, teníamos tiempo de sobra. Nos despertamos y desayunamos en la habitación. Yo me tomé un cruasan (o como sea que se escribe esto) y mordisqueé otro, con un café embotellado del Starbucks que compré la noche anterior. Preparamos tranquilamente los bidones para la bici y la bolsa del avituallamiento especial, y a las 5:20 nos bajamos a marcarnos, dejar la bolsa de avitullamiento especial, hinchar las ruedas de las bicis y colocar bidones y Garmin, y a las 6:20 estabamos en la playa con el neopreno a medio poner, sentados viendo a los pros calentar. Todo esto en un ambiente de relax absoluto. Muchos sabéis que antes de las competiciones entro en "modo Raticulín", pero esta vez estaba completamente relajado, y Ruth también.
A las 6:45 dan la salida a los pros. Da gusto ver como nadan y lo cómodo que debe ser una salida de no más de 50 personas. El circuito en un triángulo a una vuelta, con un primer lado de 1612m. A simple vista no parecía que el barco en el que se hace el primer giro estuviese muy lejos, pero viendo lo que tardaban los pros en aproximarse a él, nos hicimos una idea del asunto. A 5 minutos de la salida nos terminamos de colocar los neoprenos y nos metemos en el agua para situarnos en la salida. Somos algo más de 2800 y hay sitio de sobra para colocarse y no recibir demasiados guantazos. Un minuto antes de la salida, Steve King, el locutor del evento, anuncia a la cantante que va a interpretar el himno de Canadá. Lo hace a capela y los 2832 participantes junto con la cantidad de público que había al otro lado de las vallas, nos giramos hacia la bandera canadiense en silencio para escucharlo. Detrás de la bandera empezaba a asomar el sol tras los montes de Okanagan. Nunca he sentido tanta energía en el ambiente, y aquí viene mi primera lágrima del día. Termina el himno, aplaudimos, abrazo a Ruth y le deseo, y lo hacía de corazón, que disfrutase de la carrera.
Natación:
El público corea a las órdenes de Steve King la cuenta atrás y con el bocinazo de salida nos echamos a nadar. Nos colocamos casi en primera fila y algo abiertos al exterior de las boyas y salimos sin problemas de golpes.
Mi objetivo era nadar cómodo y salir entre 1h05 y 1h10. Encuentro el ritmo inmediatamente y noto que voy muy cómodo. Procuro matenerme alejado de las boyas para evitar sopapos, a sabiendas de que en los giros haré algún metro de más, pero prefiero perder un par de minutos en el agua y salir intacto, que el día es muy largo para ir con un ojo morado.
El Garmin lo llevaba en la muñeca, así que no os fijéis en los culebreos de la trayectoria, que son falsos.
Salgo del agua en 1:07:19 que está dentro de lo esperado. Tocará mejorarlo para la próxima temporada. Salgo de la playa y entro en boxes. Allí los "stippers", una barrera de voluntarios emparejados, nos

tumban en el suelo a todos los que salimos del agua, y te quitan el neopreno en un segundo. Me dieron ganas de preguntarles si se venían conmigo a España.... Transición rápida en 3m17 y a la bici.
Bicicleta:
Es la parte del circuito que más he estudiado y más he hablado con Jaime. Sin haber estado aquí ya tenía toda la información y los tramos divididos por watios objetivo, incluso tenía una idea de las medias que podía conseguir por tramos. Pero además esta semana ya había recorrido en bici el 90% del circuito. Aquí mi objetivo era ambicioso. Quería hacer una bici entre 5h20 y 5h30. Ahora sólo quedba no desviarse del plan.
En los primeros 70km es dondé sabía que debía marcar la diferencia, ya que a excepción de una pequeña colina que se sube en el km20, el resto es llanear perdiendo cota y normalmente con viento de culo. Aquí el viento de Norte a Sur es prácticamente una constante y aunque flojo a primera hora de la mañana, sería mi aliado en los primeros kilómetros, para convertirse en un rival más en la parte central del recorrido en la que se circula dirección norte.
Me monto en la bici y tras coger algo de velocidad, apoyo los codos en el acople para no levantarlos en los primeros 70km excepto para subir la colina del km20. Me encuentro muy bien y muy concentrado. Me marco la norma de beber del bidón de geles cada 10km. Llevo 8 geles para los primeros 120km y otros 6 en el bidón del avituallamiento especial.
Todo va según lo previsto, y llego a la curva de Osoyoos en la que comienza la subida de Richter Pass en 1h41. 64km a 179w y una media de 37,1 km/h. Todos esos datos los llevo en la pantalla del Garmin, por lo que soy consciente de que la cosa va muy bien. A Richter Pass debía llegar con un máximo de 190w y con 11 menos estaba en el momento en el que quería.
La subida a Ritchter Pass la planteo con calma ya que llevo unos cuantos minutos de reserva en el zurrón y así no desgastarme en el tramo que más daño podía hacerme.
Corono Richter Pass con 234w de media, 6w por debajo del limite inferior del rango que me había marcado Jaime para ese tramo. Durante todo el recorrido ha habido mucha gente animando, cosa que me sorprendió mucho, ya que es una zona de granjas muy poco poblada, pero aquí, este día es especial para todos. Habría que calcular la pérdida de aerodinámica que supone ir levantando el pulgar cada kilómetro para agradecerle a esta gente su apoyo. Al coronar Richter Pass, aquello era una fiesta. Carpa de la organización con locutor leyendo dorsales y animando el cotarro, gente aplaudiendo a rabiar, un espectáculo y se supone que los artistas eramos nosotros!
A continuación venía el tramo que a mi me parecía clave. De Richter Pass a Keremeos y el "out and back" entre Keremeos y Cawston. 60km de llaneo con toboganes fuertes rodando durante 40k en dirección norte con el viento de cara, y ahora ya sí que hacía viento. Sigo ciñiéndome al plan y hago estos 60km de llaneo a 186w y 33,6 km/h. Me cruzo con Ruth en el km126 en el "out and back". Me alegra comprobar que a ella también le van las cosas bien y que además VA ACOPLADA!!!!
Me planto en el km134, el pie de la subida a Yellow Lake con 3h58, 189w y 33,2km/h de media. Las 5h30 en el parcial de bici las tengo aseguradas y ya empieza a hacer mucho calor, así que Yellow Lake lo subo muy conservador, a 195w. En la subida se me ponen los pelos de punta. De repente me encuentro con una caravana de vehículos parados impresionante, gente a los dos lados del carril que tenemos habilitado formando un pasillo que durará toda la subida. Daba la sensación de estar en el Tour de Francia! Un tío disfrazado de Superman con un cartel que decía "Superman saluda a Ironman", gente con carteles que rezaban "Ironmen, we are proud of you" o "You inspire us". Hice toda la subida emocionado. Creo que esto también contribuyó a que me olvidase un poco de los watios y disfrutase de aquel espectáculo que nos estaban dando los habitantes de Penticton.

Una vez en Yellow Lake, la bici estaba prácticamente hecha. Es el kilómetro 154 y y sólo queda bajar a Penticton. Aquí me di cuenta de lo que hace ir en carrera. La bajada es muy larga, con vientos racheados de costado y yo llevaba pefir de 80mm en la rueda delantera. El lunes pasado, reconociendo el circuito, no me atrevía a soltar el manillar para acoplarme de los bandazos que pegaba y en carrera hice la bajada completa acoplado a velocidades de hasta 70 km/h y pedaleando hasta que me quedaba sin desarrollo..... y la bici se movía lo mismo que el lunes ;-)
Ultimos 26km a 161w y 39,1 km/h, es decir, gratis. La entrada en Penticton es de quitar el hipo de la de gente que hay esperando en la curva antes de boxes. Me bajo en T2 con un parcial de 5:23:42 y tan sólo 186w de media cuando habíamos barajado poder llegar hasta los 200-210w.
Una vez más transición rápida y en 2m31 estaba comenzando la maratón, con 6h36' de carrera hasta el momento.
Maratón:
Jaime me había advertido que si me bajaba a correr y en el primer kilómetro el Garmin me cantaba un 4m35, que no me asustase, pero que si veía un 4m20 levantase el pie, que así no iba a ninguna parte.... Primer kilómetro 4m04..... primera cagada!
Levanto el pie y empiezo a correr a 4m50, que debería ser el ritmo a mantener al menos la primera media. Veo un termómetro en la calle que marca 35ºC y empiezo a encontrarme mal. No puedo con ese calor. Me cruzo con Ruth que va a T2 cuando llevo 18' corriendo. Va genial! Eso me anima mucho. Cada cruce con ella es un puntito de motivación.
Los dos primeros avituallamientos, que estan situados cada milla, los paso corriendo en plan pro, arrugando el vaso de Gatorade para beber, pero al tercero me paro a coger hielo para meterlo en la gorra. A partir de ahí, en cada avituallamiento cumplí con la siguiente rutina: seis esponjas con agua y dos vasos de hielo dentro del mono, un vaso de hielo dentro de la gorra, tres o cuatro vasos de agua por la cabeza, un vaso de gatorade (este por el gaznate) y otro de agua. Así en cada uno de los 22 avituallamientos restantes. Os pongo como muestra una de las fotos menos glamurosas del triatlón mundial....
En el km10 me cruzo con Thomas Hellriegel, que venía andando medio desmayado, en ese momento en cuarta posición. Acabaría el 22 con 3h44 en la maratón. Y el resto de pros venían todos con pinta de "no pros", así que se confirmaban mis temores, vamos a tener maratón divertida ahí fuera....
El punto de giro está en Okanagan Falls, y allí estaba el pueblo entero animando. Paso por el punto de giro en 2h04 y voy muy pero que muy tocado por el calor. Llevaba dos bidones con 8 geles disueltos y no me atreví a probar ni un sorbo, porque con ese calor estoy seguro de que habría sido incapaz de asimilarlos. Por suerte, o más bien por precabido, me había metido en el cinturón unas gomilolas de Powerbar que llevan gel dentro y aportan unas 20 calorías cada una, y a base de ir chupando gominolitas fui tirando.
Me cruzo con Ruth a los 8 minutos de haber pasado por el punto de giro. Nos interesamos mutuamente por el estado del otro. Claramente ella va mucho mejor que yo. A partir de ahí ya no volvería a verla a no ser que me alcanzase, que visto lo visto, no era descartable.
Los kilómetros centrales de esta maratón son muy duros, con unos cuestones del 15, y en general el perfil es gracioso, por decir algo....
Los últimos 25km iba sintiendo dolores por todas partes. Entre cada dos avituallamientos siempre había un músculo que se empeñaba en ver quien de los dos los tenía más gordos, o él o yo. La última media hora los dolores en los cuádriceps eran brutales, pero seguí con mi rutina de correr al siguiente avituallamiento, refrigerar a tope y vuelta a correr. Cada vez que un músculo empezaba a amagar con pegar el petardazo me venía a la cabeza siempre el mismo pensamiento: Txita y Luz, mi mujer y mi hija. No sé de dónde sacaréis las fuerzas los demás para superar lo canutas que se pasa en la maratón de un Ironman, con lo fácil que es decir "A la mierda!" y dejar de correr. A mi la fuerza me la dan mis chicas. No hay ningún otro pensamiento que me haga sobreponerme a un dolor tan intenso y prolongado como el que estaba sufriendo en esos momentos.
Por el camino empiezo a ver pasar ambulancias. Yo no soy de rezar, pero os aseguro que recé y mucho para que en ninguna de esas ambulancias fuese Ruth. Ya había pensado que si no me alcanzaba ella en la maratón y no nos cruzábamos en el bucle que te hacen en el ultimo kilómetro, tenía que averiguar de algún modo si seguía en carrera.
Al entrar de vuelta en Penticton iba con 10h18 y me quedaban 6 kilómetros para meta. Mal tenía que darse para no terminar, y el sub11 era asequible sin necesidad de saltarme ninguno de mis ceremoniosos avituallamientos. En ese momento me cruzo con la hermana
Madonna Buder, una monjita de 79 años que la mayoría habréis visto en los videos de Hawaii, y que acabaría terminando apenas 6 minutos antes de las 12 de la noche. En ese momento me dio mucha pena pensar en toda esa gente a la que se le iba a hacer de noche en el lago, en una carretera sin iluminación.
Finalmente llego a Lakeshore Drive. La meta está a 50 metros a la derecha, pero te hacen ir 900 metros a la izquierda para recorrer la avenida frente al lago en un ida y vuelta abarrotado por la gente de Penticton.
En ese momento ya me sabía finisher, escuchando el sonido de la música en meta y la voz de Steve King haciendo sentirse especial a cada uno de los que van cruzando la linea de llegada. Sabía que aunque fuese en la tercera de las modalidades que permite el reglamento, "crawling" (gateando), iba a llegar a meta. Ya sólo me preocupaba Ruth, y me sentía incapaz de tener ninguna emoción si no era sabedor de que ella también se encontraba bien.

Hago el giro, estoy a tan sólo un kilómetro de meta, veo el arco de llegada y escucho cada vez más cerca a Mr. King, pero sólo puedo mirar a la derechaa a ver si consigo distinguir a Ruth entre los que salen de Winnipeg St. De repente veo un mono rosa con unas zapatillas que quiero creer que son amarillas. Corro un poco más rápido para acercarme y distiguir mejor y en efecto es Ruth!!!! Me sale un grito de dentro y un gesto de rabia con los brazos, que no sé como, a esas alturas de la película, no me acalambré desde la nuca hasta los tobillos. Choco la mano con Ruth, que va a tan sólo 8 minutos y con cara de absoluta felicidad, y ya me concentro en vivir mi momento. La gente grita, aplaude, me chocan la mano, y yo no puedo parar de hacer gestos de alegría, de rabia, de felicidad. Cruzo el arco, no sé si Steve King dice mi nombre o no, pero yo ya lo se, "Ricardo Martin: you are an Ironman!"

En silencio se lo dedico a Txita mientras un voluntario me coloca la medalla por la que me he estado dejando la piel los ultimos 18 meses. Intento que me dejen esperar allí a Ruth, pero dos voluntarios me acompañan a la zona de finishers. Me siento en el cesped y me traen una pizza y una Cocacola. Charlo con ellos un rato sin perder de vista el sitio por donde debe entrar Ruth, y a los pocos minutos aparece. El resto os lo podéis imaginar.
Estoy muy satisfecho con mi debut en Ironman. Hay muchos puntos por mejorar y otros por afinar, pero me quedo con la sensación de haber hecho una buena carrera siguiendo al pie de la letra lo planificado. La máquina dió para lo que dió, pero 10h56 con un parcial en bici de 5h23, para alguien que se montó en una bici por vez primera en abril de 2008, es para estar satisfecho.
Quiero dar las gracias a cuatro personas muy importantes para mi y que han tenido un papel fundamental en los meses en los que he estado preparándome.
En primer lugar a Jaime, mi entrenador y sobre todo mi amigo. Gracias Jaime por un trabajo bien hecho, por conseguir traerme a Penticton en el momento de forma perfecto para poder disfrutar de esta fiesta, y eso que no te lo puse fácil con la lesión de mayo. Gracias por tratarme como un deportista aún cuando sólo soy un globerete aficionado con mucha ilusión pero poca chicha. Gracias por entender mis circunstancias y preocuparte porque mi rendimiento deportivo sea compatible con el resto de mis facetas en la vida. Gracias por ser más amigo que entrenador cuando toca y más entrenador que amigo cuando hay que serlo.
Ruth, gracias por cumplir tu palabra. Gracias por todos estos meses de entreno. Gracias por llevar mi motivación un punto más arriba en cada entreno. Gracias por tu constancia y por tu ejemplo. Gracias por estos días en Penticton, que han hecho que me plante en la salida de un Ironman como el que va a comprar el pan... o a tomarse un smoothie al Starbucks. Gracias por hacer que el mejor Ironman del mundo haya sido el Ironman más bonito del mundo.
Gracias a mi hija Luz, que tiene un padre de hierro con plaza para Roth 2010, aunque seguro que ella preferiría tener uno de carne y hueso, con más tiempo para ella y con entradas para Euro Disney. Gracias peque, a partir del jueves, papá es sólo para tí. Sólo espero que cuando seas mayor, veas un ejemplo positivo en lo que hace tu padre ahora.
Y por último la más importante. Gracias Txita. Gracias por estar ahí siempre. Gracias por comprender mis locuras. Gracias por no ser una de tantas "Anti-tri wifes". Gracias por entender que realizar mis sueños me hace ser felíz, y por permitirlos por mucho que te resten de tener a tu marido cerca. Eres la persona que hace que todas las piezas del puzle de mi vida encajen a la perfección. Tú también fuiste finisher el domingo, y además sub11. Para ti es la medalla de finisher. Te quiero.